Tinder cumple 10 años: la app que revolucionó el mundo de las citas

¿Qué hemos aprendido tras una década de aplicaciones para encontrar pareja? Hablamos con los responsables de la marca que creó el famoso match, usuarios y profesionales especializados en la psique y el sexo para analizar el fenómeno.

Septiembre de 2012. Nacía en iOS la aplicación Tinder para cambiar de forma radical el panorama de las citas a través de internet. Si bien es cierto que algunas webs como match.com y OKCupid ya existían desde unos años antes, pero sin lograr atraer a los jóvenes, e incluso Grindr surgió en 2009, estos sitios no habían logrado acabar con el estigma de encontrarse con desconocidos.

Como la periodista de investigación estadounidense Emily Witt describe en su libro Future Sex: A New Kind of Free Love, donde examina su uso, «las apps han crecido en respuesta a una cultura en la que las personas están solteras por más tiempo y también donde hay una moralidad sexual cambiante que está abierta a diferentes tipos de relaciones».

En cifras y perfil de usuarios

Después de una década, se estima que la compañía creada por Sean Rad, Justin Mateen y Jonathan Badeen tiene más de 57 millones de usuarios en todo el mundo, si bien no oficializa este dato. Sí permite, en cambio, conocer su perfil de usuario mayoritario. «Más de la mitad de nuestros miembros son Gen Z (jóvenes adultos de 18 a 25 años)», describe el departamento de comunicación.

Es la más popular del mundo, pese a múltiples competidores como Happn, Bumble, Inner Circle, Badoo, Meetic… En Tinder hay 4.000 millones de swipes al día (cruces de fotografías con el dedo hacia la derecha o la izquierda, según guste o no). Ha habido 500 millones de descargas y más de 70.000 millones de matches (parejas virtuales formadas) desde su lanzamiento, recoge el informe de su décimo aniversario.

Auge en pandemia

También se reconoce una subida abrupta en el uso desde la pandemia del coronavirus, momento en el que se puso muy difícil aquello de encontrarse en los bares. Desde 2020, la gente ha encontrado en Tinder nuevas formas de conectar con los demás y de ser más abiertos de mente, continúan estas fuentes que representan a la compañía en España. «Menos tabúes, sin barreras preestablecidas, la generación Z se ha vuelto fluida. Tienen más expectativas para sus vidas, muestran más sus emociones, se arriesgan a vivir experiencias y apuestan por ser naturales y transparentes».

No en vano, en esta etapa el 60% de los miembros llegaron a Tinder porque se sentían solos y la app activó el chat de vídeo para poder tener citas en línea, que usaron la mitad de los usuarios en confinamiento. Y la verificación de datos al pedir el DNI. «El 40% seguirá utilizando esta vía para conocer gente nueva incluso cuando la pandemia haya terminado», indican desde Tinder. Incluso se ha generado un servicio premium de pago que permite ciertas ventajas como saber a quién le gustas de antemano.

Relaciones, sexo y amor

A Andrea Saiz, de 32 años, una de sus primeras usuarias en España, Tinder le permitió conocer a su marido. Una historia que empezó en un match y siguió en una cita a la que acudió en chándal sin ninguna fe y de la que casi huye al ver que su pareja virtual estaba realmente guapo. Menos mal que no lo hizo, porque la cosa acabó en boda en 2018. De ahí el valor de su testimonio. Ella compara lo ocurrido con esta app, que al final ha supuesto la digitalización del amor, con el comercio online. La comodidad del clic.

«No es que se haya inventado nada. Antes comprabas en la tienda de barrio y ahora pides lo que quieras sin fronteras y sin moverte de casa. Tinder ha abierto posibilidades a la gente con un amor a la carta: seleccionando al personal por fotografías a tu gusto, el rango de edad y las características que quieres… Esa idea fundamental ha tenido mucho éxito porque permite ligar donde estés o con personas a las que no accedes en los sitios que frecuentas», defiende.

Esa frivolización de las relaciones que tanto se critica, el sexo por el sexo y hasta que haya surgido un célebre estafador con documental en Netflix es un constructo social, opina, y no culpa de la plataforma. «Los mismos que nos quejamos de que Tinder es un sitio donde pillar cacho son quienes estamos ahí: personas. Somos nosotros los que corrompemos a las apps y no las apps las que corrompen a las personas. De verdad que no creo que Tinder sea para follar, sino quien lo usa para tener sexo es que no está predispuesto a tener una relación. La mejor prueba es mi caso. Encontré a alguien que merecía mucho la pena como en cualquier bar y continué teniendo citas en persona y conociéndole».

De novedad a sexo sin ataduras

Alexandra Rojas, de 34 años, ha vivido durante unos años instalándose y desinstalándose la aplicación continuamente en esa búsqueda de la pareja idílica «que se nos vende en películas, anuncios y videoclips», cuenta defraudada. En ese tiempo confiesa que le encantaba acumular «pretendientes» con los que conversaba y en ocasiones llegaba a quedar, aunque todo terminaba en una presión auto impuesta por encontrar novio mientras lo que tenía enfrente era un hombre que quería subir su ego o sentirse en el mercado aun teniendo pareja estable.

«Me la instalé en 2012 y era una mezcla entre la intriga, la imaginación y las expectativas». Sobre todo, esto último. Pero luego la quitaba porque «era un Faunia donde todo el mundo, casados o no, buscaba quedar para tener sexo rápido», recuerda. Reconoce que habrá excepciones pero las justas y si acaso de nuevos usuarios que no saben qué les espera. «En general, lo que te encuentras son parches a la soledad social que crean las redes o checks que sumar a su lista».

Además, Alexandra se queja de la falta de transparencia tras la pantalla. «Se disfrazan de lo que no son: más simpáticos, más atentos… Y cuando llegas a la cerveza es lo contrario de quien te atrajo». Por eso llegaba a quedar muy rápido para no perder demasiado el tiempo en conversaciones que se prolongaban en el tiempo. «Siempre he sido muy clara y me ha gustado que lo sean conmigo: si no existe feeling prefiero que me lo digan. No le puedes gustar a todo el mundo, pero lo vemos como rechazo en lugar de como falta de compatibilidad».

Instagram, el nuevo Tinder

Rojas expresa que ha estado en Ponzano cruzándose miradas con un chico y que no se atreva a decirle nada. Sin embargo, al día siguiente, la ha encontrado a través de las redes y le ha enviado un mensaje para quedar. «Las nuevas generaciones, como mi hermana que es veinteañera, ya no usan Tinder. Pasan directamente a Instagram si ven a alguien que les gusta».

Intercambian likes y se escriben. Así se liga en el siglo XXI. Incluso, una discoteca en Madrid ha hecho su propio Tinder en vivo. «No todo es negativo en esta nueva era. Tinder ha mostrado una realidad invisible, como era el sexo por gusto sin necesidad de explicaciones que ya existía de toda la vida, pero estaba mal visto en mujeres. Mientras ellos podían ligar con dos en una noche en la pista, ellas eran siempre unas zorras. Ahora, gracias a estas aplicaciones, una chica puede ser quien desee ser en el momento de la vida que se encuentre», reflexiona esta antigua usuaria de Tinder.

¿Y en nuestra psique?

En el lado opuesto, una de las cuestiones más negativas o controvertidas de las apps de citas es que deshumanizamos a las personas, explica Ana Sierra, psicóloga, sexóloga y terapeuta de pareja. «Al no vernos físicamente y tener únicamente contacto por texto y una imagen, no detectamos a quien está detrás de la pantalla y eso genera muchas complicaciones: el famoso ghosting o dejar de contactar con alguien de la noche a la mañana sin explicación, el una de cal y otra de arena… No empatizamos como en una relación tradicional».

De ahí que las conexiones profundas sean difíciles a través de internet. Sierra cuenta que le han llegado muchas consultas relacionadas con fobias sociales y ansiedad por tener que quedar con alguien. «Hay gente que se ha lanzado a las apps en la pandemia porque no les quedaba otra para conocer a alguien y ahora tienen miedo a relacionarse de tú a tú por miedo al rechazo. En Tinder hay tantas posibilidades y refuerzos positivos en forma de ‘me gustas’ que te sube mucho la autoestima y resulta más fácil evaluar el éxito. Pero tú vas por la calle y, más allá de que te miren, no sabes si gustas o no».

De todos modos, Sierra tilda de «vacía» esta autoestima. «Es un bienestar rápido en la era de ‘lo quiero, lo tengo’. Se trabaja poco la paciencia y se potencia la valoración externa de los demás y la exposición», analiza.

Sierra conoce muchas parejas con relaciones duraderas a través de apps como Tinder y otras. Aspectos positivos hay muchos y es una realidad que ha llegado para quedarse como una forma más de las muchas que hay para ligar. Abre un campo a las personas tímidas y eso es muy beneficioso para ellas, asevera la psicoterapeuta. «A todos nos han dicho que puedes conocer a alguien en la biblioteca, pero no todo el mundo tiene esa predisposición que sí está implícita en Tinder. Hay gente que lo pasa muy mal en los bares y tampoco es que sean lugares idóneos para conocerse bien y hablar. En internet te evitas el ‘contigo no, bicho’. La frustración es más suave».

Tendencias en Tinder

Información recogida en el informe El futuro de las citas es fluido, elaborado por Tinder.

  • Más sinceros y auténticos. Las menciones de «ansiedad» y «normalizar» en las bios crecieron durante la pandemia un 31% y 15 veces, respectivamente.
  • Los límites serán más transparentes. Esta palabra se utiliza más que nunca (un 19% más) y el término «consentimiento» aumentó un 11%. Esta práctica hará que las conversaciones sobre el consentimiento sean más habituales y cómodas en el futuro.
  • Relaciones más abiertas. En una encuesta reciente entre los miembros de Tinder, el número de personas que buscan «ningún tipo de relación en particular» aumentó casi un 50%.
  • Citas digitales normalizadas. Quienes lo han probado lo ven como una forma sencilla para hacerse una idea de alguien. El 40% de los miembros de la Generación Z de Tinder dicen que seguirán teniendo citas digitales sin pandemia.
  • Las primeras citas serán más activas. Ya no selleva la típica cerveza. Ahora se va a patinar y, según Tinder, existen propuestas como «construir un fuerte» o «pelea de bolas de nieve».
  • El contacto físico tendrá un impacto significativo. Incluso cuando los encuentros se conviertan en algo habitual, los pequeños gestos físicos desempeñarán un papel más importante en la anatomía de las citas.
  • Quedaremos con personas que vivan cerca. La geolocalización de Tinder, o la capacidad de encontrar a alguien cerca, fue muy relevante para el boom de las mudanzas. Las personas que, gracias a la tecnología, trabajan desde cualquier lugar seguirán recurriendo a Tinder para conocer a gente allá donde estén.

Artículo original publicado por la sección ZEN del diario El Mundo

Resumen:

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